Historia de Ir√°n

Ir√°n disfruta de uno de los linajes hist√≥ricos m√°s ricos de cualquier estado moderno que se remonta a varios miles de a√Īos. Esta historia puede dividirse a grandes rasgos en tres √©pocas: el per√≠odo antiguo preisl√°mico (c559 a.C. a 651 d.C.); la √©poca isl√°mica (651 a.C. a 1800 d.C.); y la √©poca moderna, definida por su encuentro con la modernidad occidental desde alrededor de 1800.

El período antiguo preislámico

La historia de ¬ęIr√°n¬Ľ propiamente dicha comienza con la migraci√≥n de las tribus iran√≠es desde Asia Central a lo que ahora se conoce como la meseta iran√≠ en el 2¬ļ milenio antes de Cristo. Pero los asentamientos humanos organizados se desarrollaron mucho antes y la civilizaci√≥n elamita en el suroeste de Ir√°n – hoy en d√≠a el sur de Irak – surgi√≥ en el tercer milenio. En el primer milenio a.C., dos estados iran√≠es distintos surgieron en la forma de los medos y los persas y su entrada enf√°tica en la escena mundial comenz√≥ con la adhesi√≥n de Ciro II en 559 a.C.

El Imperio Persa aquem√©nida creci√≥ hasta convertirse en el mayor imperio de tierras contiguas conocido por el hombre, impresionando tanto a amigos como a enemigos con su administraci√≥n relativamente benigna basada en ideas religiosas que m√°s tarde se asociar√≠an con el zoroastrismo, la religi√≥n preisl√°mica del Ir√°n identificada con el mantra ¬ębuenas palabras, buenos pensamientos y buenas acciones¬Ľ. Tiene un gran peso en la imaginaci√≥n occidental debido a sus intentos fallidos de conquistar los estados griegos y su posterior derrota a manos de Alejandro Magno unos 150 a√Īos m√°s tarde, en el a√Īo 330 a.C. El dominio helenizado bajo los sucesores de Alejandro – los sel√©ucidas – dur√≥ un siglo hasta la llegada de una nueva dinast√≠a iran√≠ del este, los partos.

El Imperio Parto

El Imperio Parto remodel√≥ la historia iran√≠ importando mitos y leyendas del este y suplantando a los aquem√©nidas en la memoria popular. Este reino descentralizado -en el que el rey era el primero entre iguales; un rey sobre otros reyes, si se quiere- compens√≥ su fraccionamiento con la longevidad (es el m√°s longevo de todas las dinast√≠as iran√≠es) y demostr√≥ ser un serio enemigo del emergente Imperio Romano, infligi√©ndole una de sus mayores derrotas. Fue en las llanuras de Carrhae en el a√Īo 53 a.C., donde el comandante romano Craso (famoso por su derrota de Espartaco) fue derrotado decisivamente por una fuerza parta m√°s peque√Īa compuesta en gran parte por arqueros a caballo, perdiendo unos dos tercios de sus legiones y varias ¬ę√°guilas¬Ľ [estandartes romanos]. Despu√©s de 500 a√Īos, en el a√Īo 224 d.C. los Partos fueron a su vez derrotados por otra dinast√≠a, esta vez de las tierras centrales de Persia, los Sasanios.

Los sas√°nidas eran sin duda los herederos de los partos, pero su imperio estaba m√°s centralizado y el ¬ęrey de reyes¬Ľ era m√°s que el primero entre iguales. La administraci√≥n se consolid√≥ y el zoroastrismo se promovi√≥ como un credo oficial y cada vez m√°s definido. Con el tiempo, los reyes sas√°nidas, sobre todo Khusrau II, llegar√≠an a simbolizar todo lo bueno del Ir√°n preisl√°mico y su administraci√≥n.

Al igual que sus predecesores, los sasánidas demostraron ser formidables oponentes al Imperio Romano y luego al Bizantino, entrando en un ciclo de conflictos que acabó por agotar ambos imperios y los hizo vulnerables a desafíos hasta entonces imprevistos.

La era isl√°mica

En el siglo VII un nuevo poder surgi√≥ de la Pen√≠nsula Ar√°biga – el Islam. Derrotando a los bizantinos, los ej√©rcitos √°rabes musulmanes finalmente conquistaron y absorbieron el imperio sas√°nida en el nuevo califato. El imperio iran√≠ era un bocado demasiado grande para que el Califato lo digiriera completamente, con el resultado de que las ideas iran√≠es sobre la naturaleza y la pr√°ctica del gobierno y la cultura ¬ęjustos¬Ľ comenzaron a dar forma a la forma en que se desarroll√≥ el Califato.

El Islam transformó la visión del mundo iraní, pero la cultura política y religiosa del mundo islámico fue a su vez conformada por el profundo legado del antiguo Irán y muchas de las principales mentes administrativas y científicas de la época islámica clásica, incluyendo al polimatemático Ibn Sina (Avicena) y a la famosa familia visirial (ministerial) de los Barmakids, emanaron del mundo iraní.

De hecho, la enf√°tica influencia del mundo iran√≠ qued√≥ patente con la aparici√≥n del Califato Abas√≠ en el a√Īo 749 d.C. y el traslado de la capital desde Damasco a la reci√©n fundada ciudad de Bagdad (alrededor del a√Īo 762 d.C.), no lejos de la antigua capital sas√°nida. Este giro iran√≠ se ejemplific√≥ con el desarrollo de la ¬ęnueva¬Ľ lengua persa, que ahora, con la adopci√≥n del alfabeto √°rabe, se ha convertido en la lingua franca del mundo isl√°mico oriental y, con el tiempo, en una de las grandes lenguas literarias del mundo.

La era islámica sería testigo de otro profundo desarrollo en la historia de Irán con la entrada de los pueblos turcos de Asia central a partir del siglo XI, pero más consecuentemente con la erupción de los mongoles (guerreros nómadas de las estepas de Asia interior) en el siglo XIII. La conquista mongola facilitó la migración de las tribus turcas a la meseta, obligando a una migración en cadena de iraníes a la meseta de Anatolia, lo que alteró fundamentalmente la economía política del país, que pasó de ser en gran medida sedentaria a tener un importante componente nómada, especialmente en las partes septentrionales del país.

Adem√°s, las palabras mong√≥licas y turcas (como ¬ęKhan¬Ľ) se incorporan al idioma persa, lo que a√Īade una nueva dimensi√≥n al vocabulario de un idioma ya de por s√≠ rico y diverso. Sin embargo, en t√©rminos econ√≥micos, la ola de invasiones n√≥madas que comenz√≥ con los mongoles y culmin√≥ con la devastaci√≥n causada por Tamerl√°n en el siglo XIV, dio lugar a una amplia dislocaci√≥n econ√≥mica. Pasar√≠an muchos a√Īos antes de que la vida econ√≥mica volviera a tener sentido.

Al mismo tiempo, si se considera a largo plazo, las conquistas mongolas aseguraron que ¬ęIr√°n¬Ľ como una entidad pol√≠tica distinta resurgiera despu√©s de siglos de reclusi√≥n en el mundo isl√°mico. Dice algo de la confianza y riqueza cultural de la civilizaci√≥n iran√≠ que fue capaz de volver a formarse como un estado distinto por derecho propio y que para el siglo XVI iba a surgir una nueva dinast√≠a que a√Īadir√≠a m√°s capas a este car√°cter distintivo.

Irán había sido absorbido por el Califato pero había conservado su propio idioma y cultura de tal manera que empezó a influir en la forma y dirección de los viajes del mundo islámico. Incluso los nómadas turcos llegarían a apreciar a su vez la potencia cultural que representaban el Irán y el mundo persa, adoptando y adaptando muchos de sus atributos culturales, incluido el idioma persa. Con el surgimiento de los safávides en el siglo XVI, esta confianza cultural volvió a tomar forma política y para consolidar su posición los safávides impusieron la rama minoritaria del Islam, el chiísmo, como la nueva religión estatal a partir de 1501.

Esto demostr√≥ ser una especie de espada de doble filo. La adopci√≥n del chi√≠smo ayud√≥ a distinguir al estado iran√≠ de su rival otomano en Occidente. Pero tambi√©n sirvi√≥ para obstaculizar los lazos pol√≠ticos con el mundo persa del este. No obstante, durante dos siglos los safavides supervisaron el florecimiento de la civilizaci√≥n iran√≠, sobre todo bajo el reinado del Shah Abbas I (1587-1629), el √ļnico rey conocido como ¬ęel Grande¬Ľ despu√©s de la conquista isl√°mica. De hecho, as√≠ como los iran√≠es atribuyeron todos los logros preisl√°micos al reinado de Khusrau I, tambi√©n se atribuy√≥ al Shah Abbas todos y cada uno de los logros durante el per√≠odo isl√°mico.

Fue durante este período cuando se establecieron los primeros contactos sistemáticos entre el Irán y Europa, ya que los comerciantes europeos llegaron a establecer vínculos comerciales y, en algunos casos, políticos.

Los desafíos modernos

Para desgracia de Irán, el período de mayor crecimiento del poder europeo y la civilización occidental en el siglo XVIII coincidió con un período de agitación política dentro del propio Irán. La traumática caída de la dinastía Safavid en 1722 dio lugar a décadas de guerra cuando el primer Irán resurgió con poder bajo el liderazgo de Nader Shah (1736-47), sólo para volver a caer en la confusión tras su muerte.

Como nota de pie de página poco conocida en la historia, fue la invasión y la derrota del Imperio Mogol por Nader Shah en 1739 lo que paradójicamente abrió la India a la penetración europea en el siglo XVIII. Y cuando Irán salió de su confusión a finales del siglo XVIII se enfrentó a un nuevo reto en los imperios ruso y británico. No se trataba sólo de amenazas políticas, sino también ideológicas, con potencias europeas seguras de sí mismas que no se sentían intimidados por la civilización iraní, sino que, por el contrario, consideraban que la economía política del Estado iraní era arcaica y dependiente de la autoridad y el poder despótico de sus reyes.

La potencia europea se acerc√≥ al mundo con nuevas ideas sobre la organizaci√≥n del Estado, el imperio de la ley y el constitucionalismo, todas ellas ajenas al mundo iran√≠, pero que cobraron fuerza entre un grupo de intelectuales que ve√≠an la salvaci√≥n del Ir√°n en la adopci√≥n de estas nuevas e innovadoras formas de organizaci√≥n pol√≠tica y econ√≥mica. Los iran√≠es, tan acostumbrados a educar al mundo, se encontraron en la posici√≥n reacia de ser el estudiante. A lo largo del siglo XIX, los intelectuales y activistas iran√≠es trataron de promover la reforma, pero se encontraron con las objeciones de elementos reaccionarios dentro del Ir√°n (en particular, una monarqu√≠a reacia a ceder el poder) y con la ambivalencia de las potencias imperiales europeas que, en √ļltima instancia, estaban m√°s ansiosas por mantener el equilibrio de poder.

Finalmente, a finales del siglo XX, en 1906, la primera de las revoluciones del Ir√°n -la Revoluci√≥n Constitucional- estableci√≥ un sistema parlamentario seg√ļn el modelo brit√°nico, con una constituci√≥n y una separaci√≥n de poderes. Fue un momento fundamental que alter√≥ el panorama pol√≠tico del pa√≠s. Pero sus ambiciones eran altas y su promesa segu√≠a sin cumplirse ya que una nueva dinast√≠a – los Pahlavis (1925-79) – buscaba imponer la revoluci√≥n desde arriba.

Con la aparici√≥n de los pahlavis en 1925, el nuevo monarca adopt√≥ con cierto vigor el impulso revolucionario de 1906, apoyado inicialmente por muchos de los intelectuales de la √©poca, deseosos de ver la creaci√≥n de un Estado moderno que permitiera llevar a cabo sus numerosas reformas en la educaci√≥n y el sistema judicial. El gobierno de Reza Shah supervis√≥ una transformaci√≥n del pa√≠s, pero las reformas que supervis√≥ s√≥lo se cumplieron parcialmente, ya que el crecimiento del poder del Estado no fue acompa√Īado por un crecimiento de la sociedad civil y los derechos c√≠vicos.

Derrocado tras la ocupación aliada (1941-46) en los disturbios de la Segunda Guerra Mundial, le sucedió su joven hijo Mohammad Reza Shah (1941-79), que durante el primer período de su reinado tuvo que hacer frente al creciente faccionalismo y a la continua interferencia de las potencias extranjeras. La crisis por la continua ocupación soviética de Azerbaiyán se resolvió en 1946, pero una crisis más grave por la industria petrolera de Irán dio lugar a un golpe orquestado por los angloamericanos para derrocar al primer ministro nacionalista, el Dr. Mohammad Mosaddeq, que había alentado al Sha a reinar en lugar de gobernar. Al igual que con la revolución de 1906, el golpe de 1953 arrojó una larga sombra sobre la política iraní y el Sha luchó por salir de ella.

La autocracia real y la revolución iraní

En el decenio de 1960 el Sha se sinti√≥ lo suficientemente fuerte como para lanzar su propia revoluci√≥n ¬ęblanca¬Ľ, transformando a√ļn m√°s el paisaje socioecon√≥mico del pa√≠s, pero sin poder equiparar estos cambios dr√°sticos con una medida de reforma pol√≠tica. De hecho, lejos de democratizarse, los a√Īos 70 fueron testigos de una reducci√≥n de la autocracia real. El estancamiento pol√≠tico con el cambio social y econ√≥mico result√≥ ser una combinaci√≥n combustible a la que se a√Īadi√≥ un renacimiento religioso centrado en la figura del ayatol√° Jomeini. En 1978, el Sha, enfrentado a la oposici√≥n de los nacionalistas, la izquierda y los grupos religiosos, dej√≥ de ser due√Īo de su dominio pol√≠tico, cada vez m√°s perdido en cuanto a c√≥mo reaccionar ante la oleada de descontento.

Se exili√≥ en enero de 1979. Dos semanas m√°s tarde el Ayatol√° Jomeini volvi√≥ a la adoraci√≥n de las multitudes y en poco tiempo la monarqu√≠a fue reemplazada por una Rep√ļblica Isl√°mica. Pero esta nueva revoluci√≥n ¬ęisl√°mica¬Ľ no tuvo m√°s √©xito en reconciliar las tradiciones de Ir√°n con los desaf√≠os de la modernidad. La toma de la Embajada de los Estados Unidos en noviembre de 1979 y el comienzo de una prolongada guerra con Iraq en 1980, que dur√≥ hasta 1988, marcaron y definieron la emergente Rep√ļblica Isl√°mica. El faccionalismo desenfrenado no fue eliminado por la supresi√≥n violenta de la izquierda, y la Rep√ļblica Isl√°mica se ha caracterizado por feroces debates sobre la naturaleza y el car√°cter del Estado que se divide entre los que favorecen las instituciones republicanas y los que buscan el establecimiento de un gobierno isl√°mico.

El predominio de los ¬ęislamistas¬Ľ y la creciente autocracia del ¬ęl√≠der supremo¬Ľ indican que los problemas de 1906 siguen sin resolverse y que en 1979 simplemente se sustituy√≥ la ¬ęcorona¬Ľ por el ¬ęturbante¬Ľ.

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